CÓMO PUEDEN AFECTAR LOS ESCENARIOS ECONÓMICOS MUNDIALES EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE OCTUBRE EN LA ARGENTINA
Los resultados de las PASO no sirven para predecir las elecciones.
La creencia que predomina en muchos operadores nacionales y extranjeros de mercados de capitales, en el sentido de que los resultados de las próximas elecciones PASO de agosto serian supuestamente decisivos para predecir quien triunfara en las presidenciales de octubre tienen muy escaso fundamento. Así surge, en principio de los datos duros de las últimas elecciones presidenciales de 2015. La diferencia en la cantidad de gente que participa en las elecciones y, sobre todo, los factores que verdaderamente afectan las decisiones de los votantes tornan inútiles los análisis que se pretendan realizar en base a los resultados de las PASO.
En efecto, salta a la vista que, los resultados de las PASO de agosto de 2015 no anticiparon automáticamente el desenlace de las verdaderas elecciones presidenciales de aquel año. Hubo importantes diferencias en la cantidad de gente que participó y hubo importantes modificaciones en la decisión de los que votaron durante los meses que pasaron desde las PASO hasta las presidenciales de aquel año.
En las PASO de 2015 parecía que ganaba el kirchnerismo, en esas elecciones preeliminares había participado el 72% de los votantes, el macrismo, con la formula Macri-Michetti, sólo obtuvo el 30,12% de los votos, el kirchnerismo con la formula Scioli-Zannini había obtenido el primer lugar, con el 38,67% y el massismo, con la formula Massa-Saenz, el 20,57%.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el kirchnerismo se estancó y el macrismo mejoró, cuando llegó la primera vuelta de las verdaderas elecciones, participó el 81,07% de los votantes -tres millones de personas más que en las paso-. La fórmula Macri-Michetti subió al 34,15% de los votos, la formula Scioli-Zannini retrocedió al 37,08%, y la fórmula de Massa apenas creció al 21,37%.
Y en la segunda vuelta, el macrismo triunfó, con el 51,34% de los votos y superó a la formula kirchnerista, que solo alcanzó el 48,66%.
La costumbre de dar importancia a los resultados de las PASO es un error producto de confundir el funcionamiento del sistema político argentino con los mecanismos de los países europeos. En Europa la gente no elige al gobierno cuando vota: solamente eligen parlamentarios; los distintos bloques que se forman como resultado de las elecciones tienen que ponerse de acuerdo entre ellos para formar una mayoría en el parlamento que a su vez es la que elige realmente al gobierno -ahí es cuando deciden quien será el primer ministro-.
Entonces, en Europa durante esas negociaciones, políticos y analistas ya saben los votos que cada candidato tiene y se ponen a calcular quien tiene más posibilidades de llegar a ser gobierno.
En la Argentina, los ganadores de las PASO no son dueños de los votos que obtengan allí; cuando llegan las verdaderas elecciones presidenciales, vota más gente que en las PASO e incluso los que ya votaron pueden perfectamente cambiar su voto. En primer lugar porque en las verdaderas elecciones no participan todos los candidatos que participaron en las PASO, porque si obtuvieron porcentajes demasiados pequeños, ni siquiera están habilitados a presentarse allí. En segundo lugar porque, cuando hay segunda vuelta, otra vez los votos de los que se quedaron sin candidato se redestribuyen. Y en tercer lugar, porque durante los meses que transcurren desde agosto a noviembre pueden ocurrir muchas otras situaciones que modifican la inclinación de numerosos votantes.
Y entonces, ¿qué es lo que influye en la decisión de los votantes?. Veamos lo que algunos importantes descubrimiento pueden enseñarnos sobre los factores que pueden afectar las decisiones de los votantes.
La importancia de los escenarios mundiales en la decisión de los votantes latinoamericanos.
Desde la antigüedad, en muchas sociedades agrícolas era común la creencia de que sus gobiernos eran responsables de acontecimientos externos que, en realidad, no dependían de ellos. A menudo los gobernantes trataban de aprovecharse de esas creencias, pero otras muchas veces terminaban siendo perjudicados por ellas, cuando las expectativas de la gente se veían frustradas.
Diversas investigaciones arqueológicas nos muestran que en varios reinos mayas, en la época del año en que los reyes era informado sobre la proximidad de la estación de las lluvias, convocaban a la población a movilizarse a la plaza mayor de la capital, los monarcas subían a la terraza de una gran pirámide, se perforaban su miembro viril con un punzón de obsidiana o una espina de pescado, vertían ceremoniosamente sus principescas sangres en cuatro direcciones distintas y, cuando a los pocos días comenzaban las lluvias, mucha gente creía que estaba lloviendo gracias a que la sangre del rey mantuvo el mundo en buen funcionamiento.
Cuando el clima del mundo se alteró a partir aproximadamente del año 900 de nuestra era y sobrevino un calentamiento global aún más intenso del que se está produciendo en la actualidad -conocido por los académicos como el Periodo Cálido Medieval-, y las lluvias se redujeron drásticamente en la región centroamericana, los reyes mayas tuvieron un problema; las lluvias no alcanzaban para asegurar las cosechas que necesitaban para alimentar a sus poblaciones, por muchas ceremonias que hicieran, sobrevino una crisis económica, la gente dejo de creerles y termino por desatarse una crisis social, y su sistema político salto por el aire cuando las multitudes enfurecidas quemaron sus palacios y abandonaron sus ciudades.
Todavía hoy en los países latinoamericanos cuyas economías dependen fuertemente de los ingresos generados por la exportación de unas pocas materias primas, la popularidad de los presidentes se ve fuertemente afectada por el impacto de las variaciones de los precios de esas materias primas y otros factores que condicionan los mercados mundiales. En una serie de investigaciones que cobraron fama internacional, los politólogos brasileños Daniela Campello y Cesar Zucco jr., de la Fundación Getulio Vargas, después de analizar los resultados de nada menos que ciento siete elecciones en América Latina, comprobaron que las condiciones económicas internacionales explican el éxito de los presidentes en sus cargos, medido en términos de reelección y de popularidad. De acuerdo a su investigación, los factores externos afectan tanto la performance económica de nuestros países que influyen y en el modo en que los ciudadanos evalúan a nuestros gobiernos. En sucesivos trabajos, estos investigadores insisten en que el funcionamiento de la estructura económica internacional condiciona más la percepción de la opinión pública que la actividad de los gobiernos.
La Argentina no parece escapar a esta regla. Una exhaustiva investigación presentada en marzo de 2018 por el politólogo Javier Cachés, del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, que analizo el periodo que va desde la presidencia de Alfonsín hasta el final del primer mandato de Cristina Fernández comprobó que también entre nosotros la ocurrencia de crisis económicas internacionales y sus secuelas sobre el nivel de actividad económica y empleo, son las que condicionan las percepciones ciudadanas y no la retórica de los presidentes. Señala el investigador argentino que, en épocas de crisis, nuestros presidentes multiplican sus discursos sobre temas económicos, pero lo que en definitiva influirá en el humor del público será la evolución de la economía, al punto que, si esta no mejora, la profusión de discursos solo deteriora la popularidad de nuestros gobernantes.
De hecho, el impacto de las externalidades económicas sobre la popularidad de nuestros gobiernos aparece respaldada por conocidos datos históricos. El complejo agroindustrial argentino, además de las divisas que genera directamente por sus exportaciones impacta a su vez como factor de demanda de productos industriales en el resto de la economía del país, tanto corriente arriba -desde camionetas, camiones, maquinaria agrícola, fertilizantes, agroquímicos o combustibles- como corriente abajo -con el enorme parque industrial que procesa, empaqueta y embarca los frutos del país-. El economista Gustavo López recordaba en su columna de un programa dedicado al campo en Radio Mitre el 26 de mayo pasado, cómo durante el gobierno de De la Rúa el trigo oscilaba entre los 118 y los 120 dólares la tonelada, el maíz entre los 100 y los 109 dólares, la soja, 235 dólares, siempre en precios FOB y sin descontar las retenciones. Durante la presidencia de Duhalde comenzó una mejora de precios internacionales que se consolida durante la época de los Kirchner, el precio del trigo oscilaba entre los 270 y los 300 dólares, el maíz hasta 220 dólares y la soja que llegó a picos cercanos a los 600 dólares por tonelada, lo cual provocó -agregaba el experto- un cambio más que significativo, que en la época se comentaba como el famoso “viento de cola”.
Como los reyes mayas en las épocas en que las lluvias tropicales sucedían a sus ceremonias, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner -y en alguna medida su compartido ministro Roberto Lavagna- y Cristina Fernández durante su primera presidencia fueron percibidos por mucha gente como gobiernos que levantaron la economía del país.
Pero el precio del complejo granario cayó abruptamente a fines de mayo de 2013 -en lugar de los 500 dólares promedio de la década anterior, retrocedió otra vez hacia los 300 por tonelada- y, con su caída, arrastro la performance de la economía argentina, y con ella, la popularidad de Cristina Fernández, que perdió las elecciones de medio termino de octubre de aquel año y comprometió las posibilidades de triunfo de su sucesor político, Daniel Scioli, que resulto derrotado por Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de octubre de 2015.
Como los reyes mayas en tiempos de sequía, Macri se encontró con que la caída de la performance económica del país -mediante la cual el gobierno había esperado hacer frente a sus compromisos -arrastró, con su descenso, la popularidad del presidente-.
Los alcances de la caída económica resultante de la variación a la bajada de los precios de nuestras commodities quedaron bien ilustrados en forma magistral por el mismo economista que citamos antes. Un análisis del precio promedio de los últimos diez años de todo el complejo de granos, estamos hablando de un promedio de 355 dólares: en el año 2011/2012, cuando habíamos exportado setenta millones de toneladas, teníamos 464 dólares por tonelada, que permitieron un ingreso de divisas de 33.000 millones de dólares y una recaudación de más de 9.000 millones de dólares sólo en concepto de retenciones hoy en día estamos exportando casi treinta millones de toneladas más -cerca de los cien millones-, pero el precio promedio está en 275 dólares -casi 190 dólares menos que en 2011-, apenas llegamos a exportar por un total de 27.000 millones de dólares y recaudamos sólo unos 5.000 millones de dólares de retenciones. Cuando la intensa sequía del 2017 provocó una caída drástica en las exportaciones de nuestro complejo granario y desde mayo 2018 el país recibió 25.000 millones de dólares menos que los años anteriores en concepto de ingresos por exportaciones, la popularidad del presidente Macri se vio afectada por la caída en la actividad económica que produjo aquel faltante.
Esta dependencia estructural de nuestra performance económica respecto del precio de unos pocos commodities continuará durante muchos años y solo se superará gradualmente. Es cierto que, teóricamente, todos los sectores de la política y del mundo empresarial argentino proclaman su apuesta al desarrollo industrial del país y a su diversificación productiva. Pero en lo inmediato, solo asistiremos a cierta diversificación de los ingresos del complejo agroindustrial, y a una muy gradual incorporación del complejo hidrocarburífero -desde septiembre de 2018 la Argentina volvió a exportar gas a Chile después de once años, hubo enviós a Uruguay y pedidos desde Brasil y se prepara la primera exportación de gas licuado en pequeña escala para tantear el mercado a partir de un contrato firmado por YPF con la empresa belga Exmar, dueña de una barcaza licuefactora emplazada desde febrero en Bahía Blanca, en una operación de venta en manos de la norteamericana Cheniere Energy se proyecta la siguiente venta para agosto, pero la Argentina todavía tiene que importar gas durante la temporada de invierno -YPF está liderando un consorcio para construir una planta de licuefacción de gas con una inversión de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares, pero su desarrollo tardara unos tres años más.
La multiplicación de otras inversiones industriales que permitan desprimarizar la economía del país requiere transformaciones más profundas sobre las que nuestros políticos no se han puesto de acuerdo todavía. Como señaló el economista Juan Llach entrevistado en el mencionado programa rural de Radio Mitre, ningún país del mundo tiene la cantidad de impuestos distorsivos que suben los costos y bajan los precios que perciban los productores -retenciones, impuestos al cheque, Ingresos Brutos, cargas sociales- que recaudan nada menos que el doce por ciento del producto bruto. Recalca el economista que el único país en situación no igual pero parecida es Brasil que recauda el seis por ciento de su producto por semejantes tributaciones, mientras que el resto de los países del mundo -sean de América Latina o desarrollados- tienen sólo un uno o dos por ciento en estos conceptos. Son -subraya el economista- impuestos antiproducción y antiexportación. Y -esto lo agregamos nosotros-, la reducción del gasto público en una escala que permita reducir este tipo de imposiciones planes sociales, pensiones truchas, subsidios a empresas, etc.- es tenazmente resistida por los propios aliados del gobierno, y ni hablar de los espacios cercanos al kirchnerismo.
Entonces, en vez de malgastar su tiempo en analizar las PASO, los tomadores de decisiones harán bien en pasar a observar los datos que realmente importan. Los resultados de las PASO seguramente provocaran algún efecto en los mercados durante los siguientes 10 días, pero son efectos transitorios -quizás útiles para especulaciones de cortísimo plazo- que se habrán desvanecido hace mucho cuando lleguen las verdaderas elecciones de octubre.
Cuales son las tendencias de los escenarios mundiales que nos afectan, de aquí a las elecciones presidenciales.
Los descubrimientos de los investigadores brasileños sobre América Latina y las investigaciones argentinas que confirman su aplicación a nuestra situación coinciden en que los dos factores que mas afectarían la performance de nuestra economía serian los precios de los commodities y los rendimientos de los bonos del tesoro de los Estados Unidos.
En principio, los ingresos por exportaciones de commodities para los próximos meses no aparecen comprometidos. Como precisó el economista Juan Llach -en la ya mencionada entrevista- las posibles reducciones de ingresos a causa de la caída de demanda de porotos de soja por parte de China, -debido al exterminio masivo de sus rodeos porcinos para enfrentar la peste porcina africana- podrían verse compensadas con el aumento del precio de maíz y otros commodities -provocado por el gran atraso en la siembra para cosecha gruesa en Estados Unidos por exceso de agua-, y con el aporte de la ampliación de la exportación de carne de cerdo -gracias a la autorización de nuestros frigoríficos por las autoridades sanitarias chinas-, que, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires podría significar un crecimiento de dieciocho mil toneladas, y podría haber también mas exportaciones de carne bovina provocadas por el mismo episodio sanitario que hay en China. En la entrevista mencionada, Juan Llach graficó el panorama diciendo que, si bien no estamos en el escenario del “viento de cola” que caracterizó la década anterior, contamos, al menos con una “suave brisa” a nuestro favor.
Por otro lado tampoco hay motivos para esperar aumentos en la tasa de los bonos del tesoro de los Estados Unidos. El piso de la tasa a diez años, luego de haber tocado un máximo de 3,2 % en noviembre de 2018 esta rondando el 2,3% a comienzos de junio de 2019, lo que significa un retroceso de la tasa a niveles de fines de 2017 y las previsiones apuntan a que se decidirá una baja en la tasa en la reunión de la Reserva Federal de los Estados Unidos a fines de septiembre. Bancos de inversión de Wall Street y diversos analistas continúan retocando su perspectiva a la baja: Barklays espera una reducción de medio punto en la tasa para septiembre y otro cuarto antes de fin de año; J.P.Morgan pronostica una baja de medio punto dividida en dos recortes sucesivos para antes de diciembre según el Wall Street Journal. El propio presidente de la Reserva Federal estadounidense, Gerome Powell ya se declaró dispuesto a modificar su política monetaria y reducir la tasa de interés de referencia para mantener protegida la actividad económica estadounidense en medio de la puja comercial con China.
Otras claves del escenario mundial.
El contexto de la actividad económica mundial parece acompañar las dos tendencias apuntadas sobre commodities y tasa de interés, tanto en lo que se refiere al conflicto comercial entre Estados Unidos y China, como en lo referente al precio del petróleo.
En cuanto al conflicto comercial entre EEUU y China, ninguna de las partes tienen pensado profundizar indefinidamente el enfrentamiento. Los temores que han invadido a algunos operadores del mundo a este respecto son alimentados por intelectuales europeos que en su momento fueron incapaces de prever la llegada de Trump a la presidencia norteamericana y hoy intentan justificar su incapacidad con el latiguillo de que Trump seria impredecible.
En realidad, las negociaciones se encuentran bastante avanzadas: si no llegaron a formalizar un acuerdo en el pasado mes de abril, se debió solo a la torpeza de un funcionario menor de la delegación estadounidense: China había aceptado el reclamo norteamericano de frenar el plagio de tecnologías estadounidenses por parte de su industria informática y electrónica, bajo la condición de hacerlo discretamente, sin reformar abiertamente su legislación nacional sino por vía de reglamentos administrativos e inspecciones, pero el mencionado funcionario salió a decir intempestivamente que China había cedido el reclamo de ese gobierno y reformaría su legislación nacional en materia de propiedad intelectual.
China no podía pagar el precio político de herir el sentimiento nacionalista de su población y su dirigencia y se vio forzada a salir a declarar que ellos jamás habían prometido semejante reforma legislativa; y la declaración china forzó, a su vez a Trump a decir que China se había retractado de lo que había prometido en las negociaciones. Como señalo Stanley Rosen, profesor de la Universidad de Carolina del Sur el gobierno chino anuncio represalias para que su frente interno y el mundo no lo percibiera como débil, pero conoce los costos en la postergación de la importación de componentes norteamericanos que necesitan empresas como Huawei y no están dispuestos a que se profundice el éxodo de inversiones de empresas estadounidenses hacia países vecinos que ofrecen menos costos y no están sujetos a sanciones, como Vietnam.
Como se ve, han alcanzado acuerdos básicos, pero tienen que buscar una forma políticamente presentable para que China no aparezca renunciando a su dignidad nacional: por eso el presidente chino mantuvo sus declaraciones optimistas para las reuniones de junio y Trump llegó a decir que incluso podría revisarse su estruendosa denuncia contra la telefónica Huawei.
De cualquier manera el conflicto China-EEUU no debería afectar mucho a la economía argentina. En su entrevista radial, Juan Llach relativizó los efectos del conflicto. Recordó el economista que de cualquier manera, los principales consumidores de los productos básicos alimentarios que exporta la Argentina son los países emergentes, que van a seguir creciendo a buen ritmo.
Complementariamente, otro dato relativiza las profecías apocalípticas de las usinas europeas. No se cumplirán las predicciones a la alza de los precios del petróleo y del gas que habían difundido la Agencia Internacional de Energía Barklay y Reuters a fines de marzo. Se debe al aumento en los inventarios de crudo y la producción de shale gas de Estados Unidos impulsada por el gobierno Trump. El American Petroleum Institute informo que las existencias de crudo aumentaron por lo menos en 2,4 millones de barriles a 480,2 millones de barriles, presionando los precios mundiales a la baja a partir de mayo de este año, pese a la caída de las producciones de Irán y Venezuela a raíz de las sanciones norteamericanas. Actualmente EEUU ya produce casi tanto petróleo como Arabia Saudita, lo que le permite impedir que se disparen los precios mundiales del petróleo aun en caso de alguna guerra en la región del golfo. Este nuevo escenario frustra la posibilidad de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo OPEP y sus aliados pudiesen seguir restringiendo la producción y defendiendo el precio del crudo.
Este tope al precio mundial del petróleo introducido por la abundante producción norteamericana, reduce los costos para la economía de la propia Europa, alivia los obstáculos para su crecimiento, mejora los ingresos disponibles de los consumidores. Este escenario frena la caída del sector industrial europeo y reafirma las expectativas de crecimiento para este año que habían sido difundidas en el Informe de la Comisión Económica Europea a fines de marzo.
El tope al precio mundial del petróleo establecido desde mayo fue lo que permitió amortiguar las expectativas de aumento del precio de los combustibles en la Argentina. El gobierno pudo postergar la consideración del ajuste del precio del combustible por un mes a fines de mayo pasado, precio que toma como referencia el crudo Brent.
Cuales son los efectos de estas tendencias mundiales sobre las elecciones argentinas.
La consecuencia mas inmediata del efecto amigable que actualmente tienen los escenarios mundiales sobre la economía argentina es el triunfo de casi todos los oficialismos en las elecciones provinciales, cualquiera que fuese su identificación partidaria. Las economías provinciales se nutren del flujo de divisas que recauda y distribuye el estado nacional, con lo que la popularidad de los gobiernos provinciales está sujeta a la misma regla de depender de la performance económica del país.
Un dato significativo que ilustra la relación es la importancia del estado en las economías provinciales que se refleja en el altísimo porcentaje de empleados públicos en muchas provincias. El empleo público alcanza al 67% de los trabajadores en actividad en La Rioja y Formosa, al 62% en Jujuy, al 60% en Santiago del Estero, al 58% en el Chaco y al 51% en Corrientes.
Esta lógica es la que esta favoreciendo el triunfo de los oficialismos provinciales, ya sea que estén alineados con el kirchnerismo propiamente dicho -Formosa o Tucumán-, con formas de peronismo más independientes -Córdoba, Misiones, Chubut- o con corrientes allegadas al gobierno nacional -Jujuy, Mendoza-. En este sentido, la derrota del oficialismo socialista en Santa Fe es un fenómeno muy excepcional de este panorama, más relacionable con fenómenos locales.
El efecto de estos escenarios mundiales para las elecciones presidenciales de octubre seria que -si no se producen sucesos extraordinarios- se mantendrían las probabilidades de reelección del presidente Macri.
Con un escenario mundial como el que hemos señalado -que no configura el viento de cola de otros tiempos pero es amigable para la economía del país-, combinado con los efectos estabilizadores de la política de equilibrio fiscal y algunas medidas para aliviar los costos sociales de estos esfuerzos, la popularidad del presidente -igual que los oficialismos provinciales- tiene asegurado su piso mínimo histórico. Es sugestivo, en este sentido el repunte de la popularidad presidencial a partir de mayo.
Ninguna predicción humana es perfecta, porque, como lo ha demostrado Nassim Nicholas Taleb con su famosa teoría de los cisnes negros, siempre pueden ocurrir sucesos extraños fuera de las expectativas normales de la historia, la ciencia, las finanzas y la tecnología que producen un alto impacto y desarticulan las perspectivas que hasta ese momento se suponían normales. Son sucesos que, restrospectivamente se comprenden dentro de un contexto, pero que en ese momento no eran previstos por la gente de la época -como el estallido de la Primera Guerra Mundial en medio de la “belle époque”, la irrupción de las computadoras personales, la aparición de internet o la caída de las torres Gemelas-. Siempre puede ocurrir un atentado terrorista o una catástrofe natural que desestabilize la política o la economía del mundo.
Pero no cualquier cambio en el escenario mundial alcanza para deteriorar las actuales tendencias de la economía argentina y sus efectos políticos. Para que un cambio de escenario mundial pueda alterar nuestra performance económica, tendría que reunir dos características: la capacidad de derrumbar el precio de los commodities y la de disparar la tasa de los bonos del tesoro de los Estados Unidos. Como vimos, ninguna de ambas cosas parece probable al día de hoy.
Incluso en el improbable caso de que ocurra un suceso mundial que deteriore la economía argentina, las consecuencias políticas no son automáticas. Un escenario mundial capaz de impactar sobre la performance de la economía argentina y las posibilidades de reelección del presidente Macri podría producir resultados diversos, según cual sea el panorama de las alianzas en que se pueda polarizar las simpatías y -sobre todo los rechazos que sienta el público. Si, en ese hipotético escenario negativo la corriente de votos no kirchneristas pudiese concentrarse en un único o principal candidato distinto de Macri, esa fuerza tendría posibilidades de capitalizar los votos que hubiera atraído el presidente. Solamente si los votos no kirchneristas no pudiesen confluir en una fuerte candidatura unificadora, aumentarían las posibilidades de un eventual triunfo de la formula kirchnerista.
Por: Gregorio Halaman
Abogado y analista conductual, profesional principal del Programa de Instituciones Políticas Fundamentales adscripto al Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales “Dr.Ambrosio L. Gioja” UBA-CONICET.